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El ‘Domingo Sangriento’, la vergüenza británica en el Úlster

El domingo 30 de enero de 1972, 14 irlandeses católicos que se manifestaban a favor de los derechos civiles en el Úlster fueron abatidos por soldados de élite del Primer Batallón de Paracaidistas del Reino Unido. Eran momentos de mucha tensión en la zona británica de Irlanda y los ánimos estaban muy encrespados. Este martes, tras conocerse la muerte de Martin McGuinness -uno de los responsables del IRA, Ejército Republicano Irlandés, en aquellos tiempos- varios medios se han hecho eco de una versión falsa de lo que ocurrió a primera hora de la tarde de aquel domingo de hace 45 años.

Las circunstancias y los hechos previos son fundamentales para entender qué pasó para que una unidad de élite del Ejército británico vaciase los cargadores de sus fusiles de asalto seimautomáticos L1A1 contra un grupo de unos cincuenta civiles desarmados causando 14 muertes y tres decenas de heridos.

El Gobierno unionista norirlandés había aprobado el 9 de agosto de 1971 el Acta de Poderes Especiales. Una norma que permitía a las tropas y la polícía británicas realizar detenciones arbitrarias a personas por el mero hecho de tener sospechas de su pertenencia al IRA. Como consecuencia de la aplicación de esta norma, cientos de irlandeses se encontraban detenidos sin haberse presentado denuncias ni estando a la espera de juicios.

La Asociación por los Derechos Civiles de Irlanda del Norte (NICRA), fundada en enero de 1967, se había centrado en la lucha por eliminar la discriminación a la que estaban sometidos los católicos en el Norte de Irlanda. Desde entonces luchaban por la equiparación del derecho al voto, la igualdad en el derecho al acceso a la vivienda y a los servicios sociales, la posibilidad de acceso a los puestos en la administración local, y varias otras reivindicaciones que pretendían que los católicos irlandeses dejaran de ser ciudadanos de segunda clase.

Desde 1971 habían hecho suya la lucha por derogar el Acta de Poderes Especiales y, para ello, habían convocado la marcha de aquel 30 de enero de 1972. Unas 15.000 personas se habían congregado en la zona católica de Derry, en los barrios de Bogside y Creggan. Los organizadores habían decidido no salir de esa zona para no provocar una reacción de las fuerzas armadas británicas. También habían contactado con el IRA para evitar que atentaran en los días previos y así desvincularse de sus acciones terroristas.

Cuando la comitiva se alejaba de las barricadas montadas en la entrada de los barrios católicos y controladas por los paracaidistas británicos, un grupo de medio centenar de personas se acercó a las tropas y les lanzó botellas y piedras. Los soldados, primero contestaron con balas de goma, agua a presión y bombas de humo. Pero tras unos minutos en los que se demostró que podía contener a los más alborotadores usando esos métodos, decidieron saltar las barricadas y darles un escarmiento.

Fue entonces, poco después de las cuatro de la tarde, cuando empezaron a disparar con balas reales del calibre 7,62.

En pocos minutos murieron 13 personas, otra más falleció cuatro meses después a causa de las heridas y cerca de treinta sufrieron heridas de diversa consideración. Algunos recibieron disparos que no fueron mortales, otros sufrieron contusiones y fracturas mientras intentaban escapar de los disparos.

Los fallecidos fueron: Jackie Duddy, Hugh Gilmore, Kevin McElhinney, Michael Kelly, John Pius Young, Gerald Donaghy -todos ellos de 17 años-; William Noel Nash -de 19-; Michael M. McDaid -de 20-; James Joseph Wray -de 22-; William A. McKinney -de 27-; Patrick Joseph Doherty -de 31-; Gerald McKinney -de 34-; Bernard McGuigan -de 41-; y John Johnston -de 59 años-.

Las manifestaciones de protesta en todo elmundo ante embajadas y consulados británicos, obligaron al Gobierno, presidido por el conservador Edward Heath, a abrir una investigación. El encargado de realizarla fue el Presidente del Tribunal Supremo, Lord John Widgery. Un veterano de la Segunda Guerra Mundial que no dudó en ponerse del lado de los militares y dio por buena la versión de éstos al decir que los manifestantes sobre los que se disparó iban armados y los miembros de la unidad de paracaidistas dispararon en defensa propia.

De esta manera, el informe Widgery pornía fin a la apertura de una investigación judicial tras los hechos y permitía a los sucesivos gobiernos británicos continuar con sus políticas de segregación de los católicos en Irlanda del Norte.

Habría que esperar al año 1998 para que el Gobierno de Tony Blair abriese una nueva investigación que se conoció como el Informe Saville. En este caso sí que fue minucioso y sus conclusiones, publicadas por David Cameron en 2010, tras doce años de instrucción, fueron más que concluyentes: los fallecidos iban desarmados y los soldados recibieron órdenes de disparar contra estas personas desarmadas.

Han pasado diez años desde la publicación del Informe Saville. No ha habido ninguna actuación judicial para depurar responsabilidades. Solamente, en 2015, un antiguo paracaidista de 66 años que había participado en la represión de la manifestación del domingo sangriento. Pero no hubo ni juicio ni condena.

por Juan E. Pflüger en La Gaceta

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