España·Opinión

La iglesia conciliar abandonó a la España que confesaba a Cristo

por Pío Moa

Sin embargo, seguir enfangados en una polémica eterna sobre el pasado puede paralizarnos ante los problemas de hoy.

R. Acabo de decirle que una historiografía falsaria, fraudulenta, es la base de las políticas que hoy se aplican y que son igualmente falsarias y fraudulentas. Llevo años insistiendo en que todo el discurso político hoy dominante se apoya en supuestos como que las elecciones del Frente Popular fueron democráticas y correctas. Mientras estas cuestiones no queden claras para la mayoría, nuestra democracia será una democracia enferma, una democracia fallida. La izquierda y los separatistas son muy conscientes de esa relación entre el pasado y el presente. Pero en la derecha, la mayoría piensa como usted ha dicho, piensa que la historia es mera ilustración sin consecuencias actuales y hablan de “mirar al futuro”. Solo que mirar al futuro ignorando el pasado y, lo que es peor, negándolo, solo conduce a repetir los peores errores. La izquierda falsifica el pasado, la derecha trata de despojar a los españoles de su historia, negando su importancia. Esta es también una forma de corrupción, de corrupción intelectual, mucho peor que la económica, mucho más dañina.

Hay algo que falla en su razonamiento: si tan falso es ese discurso histórico- político y, como dice usted, la democracia viene en realidad del franquismo, ¿cómo es que los franquistas han sido incapaces de contrarrestar el discurso de la izquierda y elaborar uno propio?

R. Por una triple razón: porque el discurso izquierdo-separatista venía arropado con el disfraz de demócrata. El fondo de esa historia ha sido elaborado por la propaganda comunista, pues los comunistas fueron los únicos que hicieron oposición al franquismo, junto con la ETA en los años finales. Llamar demócratas a comunistas y etarras es un sarcasmo sangriento, una usurpación desvergonzada, pero la usurpación se impuso y fue aceptada por gran parte de la derecha, que trató de hacerse la demócrata a base de atacar al franquismo, esto lo he estudiado en el libro Los mitos del franquismo y en La Transición de cristal. Sin olvidar la Iglesia posconciliar, que optó, gran parte de ella, por el diálogo con los marxistas y el ataque al franquismo.

Una segunda razón del éxito de ese discurso es la flojera intelectual de los que se proclamaban franquistas, que quedaron muy aislados. En esa competición por hacerse los demócratas avanzados, numerosos falangistas y carlistas se proclamaron antifranquistas, no digamos los monárquicos tipo Ansón y demás. El franquismo nunca se proclamó falangista o carlista o monárquico, aunque trajese la monarquía. Se proclamó católico, y la Iglesia lo abandonó estruendosamente después del concilio Vaticano II. Los franquistas se encontraron desamparados y, lo que es peor, cedieron la bandera de la democracia a los otros, reivindicando, abierta o implícitamente, una dictadura que, privada de su sostén ideológico catolico, ya no podía continuar. Eso no tenía el menor porvenir, se quedaba en retórica y de hecho ayudaba a sus enemigos, como hemos visto. Podían señalar los defectos y falsedades de los que se decían demócratas, en su mayoría sin serlo, pero no podían oponerles un discurso eficaz.

Y la tercera razón, ya la he indicado ha sido la asunción del discurso, o del grueso del discurso de izquierda y separatistas por parte del PP. El PP actual, por ejemplo, están culminando la tarea del PSOE de Zapatero, que en definitiva significa la desintegración de España por la acción concentrada de los separatismos y de un europeísmo concebido como la liquidación de la soberanía española.

Pero usted se identifica con el franquismo, que según usted mismo no tiene futuro.

R. Ahí hay un equívoco. Yo no defiendo al franquismo, sino la verdad sobre el franquismo. Y esto tiene dos aspectos principales. En primer lugar, investigar qué fue aquel régimen al margen de las caricaturas grotescas que han pintado de él sus enemigos. Que, por cierto, eran, o éramos, muy pocos en vida de Franco. Ahora que ya no existe aquel régimen los heroicos antifranquistas se han multiplicado y se han convertido en una plaga de langosta, que lógicamente no puede ya destruir al franquismo pero sí a la democracia. Que está corrompiendo y destruyendo la democracia.

El segundo aspecto es que se trata de extraer las lecciones correspondientes de aquella época histórica. Mire usted, el franquismo fue el régimen de mayor éxito que haya tenido España en al menos dos siglos. Al menos. Venció a un Frente Popular totalitario y genocida; consiguió mantenerse al margen de la guerra mundial, que fue una hazaña no menor, como he estudiado en Años de Hierro; derrotó al maquis, una peligrosa guerrilla comunista que en Grecia solo pudo ser vencida con intervención de Inglaterra y Usa; desafió y venció al aislamiento que le impuso la ONU, una medida criminal, se la mire como se la mire; sin Plan Marshall, basándose en las propias fuerzas de España, reconstruyó brillantemente al país en medio del hostigamiento internacional, del maquis y de otras dificultades; logró para España uno de los ritmos de crecimiento más elevados del mundo, sin apenas paro ni deuda pública; cambió la fisonomía del campo español con una red de pantanos y una muy exitosa repoblación forestal; creó una gran clase media; mantuvo una independencia dentro del contexto internacional muy superior a la actual, hoy casi inexistente; aunque las libertades políticas estaban restringidas –no totalmente anuladas–, sobre todo para comunistas, separatistas y demás, el régimen permitía una gran libertad personal, como reconocía el filósofo Julían Marías, precisamente antifranquista; consiguió unos niveles de salud social superiores a los del resto de Europa: mínima delincuencia y población penal, muy baja tasa de suicidios, de fracaso familiar y violencia doméstica, apenas incidencia de las drogas, que ya hacían estragos en el resto de Europa Occidental… Podría seguir así largo rato, y en Los mitos del franquismo he detallado estos y otros hechos. Si nos comparamos con Europa Occidental, esta debe su democracia a la intervención del ejército useño, y su prosperidad al Plan Marshall. España se la debe a sí misma, gracias al franquismo. No tiene esa enorme deuda moral, política y material con Usa. Eso importa mucho y debiera ser una base de nuestra política, pero ocurre como si todo lo debiéramos a Usa yla UE.

Pues bien, la importancia de estos hechos con respecto a la democracia es la siguiente: una democracia no puede sobrevivir en un clima como el de la república, de empobrecimiento creciente y de odios políticos y sociales exacerbados. El franquismo fue una necesidad histórica, que dejó un país próspero y muy mayoritariamente reconciliado, apto para una democracia estable. Ahora, pregúntese usted lo que han hecho los siguientes políticos antifranquistas con la democracia. Está bastante claro, ¿no?

Pues bien, En Los mitos del franquismo he tratado de restablecer la verdad histórica. Ahora toca la segunda parte: ¿qué lecciones podemos extraer de aquel régimen? En suma ¿por qué tuvo tanto éxito el franquismo contra enemigos tan peligrosos, interiores y exteriores, aparte de las inercias y costumbres políticas y populares nefastas heredadas del pasado? ¿Cómo podríamos aprovechar aquella experiencia para regenerar una democracia fallida como la actual, que amenaza la subsistencia de la nación y de la propia cohesión social? ¿Una seudodemocracia cada vez más opresiva y totalitaria contra las libertades de expresión y de conciencia entre otras? Una tendencia, por cierto que se da en toda la Unión Europea. Pues bien, esa es la tarea, o la segunda parte de la tarea, y no se puede abordar a base de retórica o de sentimentalismos nostálgicos sin más, sino con el mismo espíritu con que vamos restableciendo la verdad histórica.

Comentario de TD: Como católicos debemos precisar que todo sistema político que no reconozca la soberanía de Cristo comete ya de por sí la peor de las corrupciones y es de por sí un sistema fallido. España renunció a esta confesionalidad, como bien recuerda D.Pío y nosotros siempre precisamos, es decir que la puñalada mortal a España se la propició la misma iglesia conciliar que, traicionando a Cristo para hacerse del mundo, dejó a la España confesional sin argumentos ideológicos. Las negritas son nuestras.

 

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