Editorial·España·Religión

Barcelona y la Pepa

Los artículos de Jose Javier Esparza suelen ser interesantes y en esta ocasión proponemos la lectura de Después de Barcelona, aprovechando la ocasión para compartir unas breves reflexiones.

El autor dice cosas muy sensatas pero tal y como lo hemos pensado siempre nos parece que se queda a medio camino, como siempre se quedan a medio camino todos los periodistas,  historiadores, pensadores e intelectuales liberales y mas o menos conservadores (incluso agnósticos bienintencionados o como ellos mismos se definen: católicos culturales), que no son muchos, además de todos los patriotas a secas, que tampoco son demasiados, pues todos ellos en el fondo rechazan la revolución pero solo la rechazan a medias, quedándose con la parte que a cada cual le interesa. Y he ahí precisamente uno de los grandes obstáculos que impiden articular un mínimo de respuesta eficaz, sensata y vigorosa.

La mejor forma de acabar con una plaga de pulgones es soltando enjambres de otros insectos depredadores de pulgones, así de sencillo y así de natural. De modo similar si el fondo de la cuestión que nos ocupa es religiosa, y lo es (todo termina acabando en la cuestión religiosa), entonces la solución, si la hubiera, también debería ser religiosa.  Para comprender esto no es necesario ser persona de fe, y sin embargo como no hay fe la inteligencia alcanza a ver hasta donde alcanza, que es poco y mal, y por tanto todo es reducido a planteamientos intrascendentes de tal forma que nadie se acuerda del artículo del Credo: “Y de nuevo vendrá con Gloria para juzgar a vivos y muertos, y su Reino no tendrá fin”. Todo precedido de la Gran Apostasía, en la que parece que ya estamos. Todo esto es de fe, sucederá sí o sí, y puede estar sucediendo hoy mismo. Sin embargo todos parecen elegir caminar a ciegas, poniéndose una venda en los ojos aun cuando la luz es tan brillante como abundante, y en todos incluimos a católicos y católicos muy tradicionales, los cuales todos viven, piensan y actúan como si esto nunca fuera a suceder, y mucho menos en el tiempo que me ha tocado vivir, es decir: a mí eso no me va a pasar. Y sin embargo pasará, y descartar el tiempo de la Parusía en el siglo presente, con todo lo que estamos viendo, es un ejercicio nefasta y mortalmente voluntarista, como el que se pone a caminar al borde del precipicio con la misma venda con que se tapó los ojos voluntariamente teniendo la seguridad (subjetiva) de que no se va a caer por el simple hecho de que no se quiere caer, porque eso no le puede suceder a el, que es muy guapo, y por tanto no le sucederá; y sin embargo se caerá, vaya si se caerá.

Pero no queréis tener fe y por tanto no queréis tener vida sobrenatural, ni la postrera y eterna ni la actual en el tiempo presente, que es tiempo de gracia y misericordia que os ha sido dado. Así que la cuestión es que, cuando se pongan las cosas feas de verdad, y se pondrán: ¿confesaréis a Cristo aun a precio de vuestra vida presente, o sin embargo adoraréis al Anticristo tratando de salvar el pellejo en esta vida terrena? Porque en esas estamos ya y el que rechaza la revolución solo a medias ya está rechazando a Cristo por completo, pues a Cristo no se le puede confesar a medias, o un poquito, o con la boca pequeña, ergo si rechazamos a Cristo en realidad servimos al Anticristo, se haya manifestado materialmente o aun no… ya que cada cual según sus inclinaciones no querrá renunciar a sus adulterios, a sus fornicios, a sus pornografías e impurezas de todo tipo, o a sus envidias y avaricias, o a los ídolos que adore, pero sobre todo no querrá renunciar a la democracia y la igualdad de todas las religiones (lo que significa que la Verdadera es puesta al mismo nivel que las falsas, es decir Dios igualado a los ídolos de toda índole) y los derechos del hombre en contra de los derechos de Dios y sus Mandamientos y el Reinado Social de Cristo, etc… Es decir, la locura de pretender creerse que se puede servir a dos señores al mismo tiempo: a Dios y a la democracia, que es la revolución, a un mismo tiempo: ¡Ay, hijos del concilio…!

Pues bien, la segunda opción propuesta por el autor exige al fin y a la postre confesionalidad católica, y una confesionalidad sincera y auténtica (preconciliar, para entendernos), a nivel social y legal y a nivel individual, pues de lo contrario se querría decir: que se comporten como católicos los otros… lo mismo que nos llevó al estado actual de cosas. Y esta exigencia de confesionalidad católica es mas aun de pleno sentido en el caso de España por lo que ha sido España y lo que le ha dado el ser y la razón de ser: su catolicidad, inexistente y desaparecida en combate desde hace tiempo: Concilio Vaticano II → la España que confesaba a Cristo traicionada y desahuciada → la España que confesaba a Cristo implosiona → transición política  y democracia liberal relativista, masónica y luciferina → divorcio, aborto, libertad de expresarse para blasfemar, etc… → exaltación de la aberración, invasión masiva de yijadistas (tanto da una bomba que un vientre preñado), etc…

Pero, ¿quién moverá un dedo por esa confesionalidad católica? ¿Los liberal-conservadores-conciliares adoradores del liberalismo, la democracia y los derechos humanos? ¿Estarán estos dispuestos a hacer, empezando por el fuero interno,  las renuncias, la conversión y la penitencia que esto implica? ¿Habrá alguien dispuesto a pagar el precio, como se hizo en el siglo pasado, ofreciendo generosamente la sangre por la bendita causa? ¿Es que queda alguno entre los mentados que no sea un miserable cobarde y traidor adorador de la democracia y el liberalismo, por mas que consiga colar por muy facha? Con una confesionalidad católica (no conciliar, insistimos) se acabaría el relativismo, también en la política; el aborto se volvería a castigar severamente; las guarradas mayores y las menores se acabarán y solo se daría culto católico (es decir catolicismo auténtico, preconciliar, obviando al herético y heretizante modernista clero conciliar en aplicación de la doctrina de la verdadera obediencia); se prohibiría o limitaría severamente todos los cultos falsos desde los protestantes hasta el mismo mahometismo, cuyos seguidores volverían a ser expulsados como en tiempos de Felipe III; se aboliría la religión modernista y su misa modernista protestantoide y protestantizante y se recuperaría la Misa de siempre y la doctrina verdadera de siempre, si es que se hallaran curas dispuestos, por supuesto.

¿Y cuales serían las consecuencias? Básicamente se rompería con los amos del mundo (OTAN, UE, USA, Israel, masonería, élites financieras y otros oscuros grupos de poder que operan en las sombras, etc… todos enemigos de Dios), de los que somos vasallos, y no nos lo perdonarían, y nos mandarían mas 11Ms (que no se hizo en cuevas lejanas, no lo olvidemos), y mas Barcelonas (ataque que, como los demás casos, tampoco fue ordenado desde remotos desiertos), se nos aislaría y se nos empobrecería, se nos perseguiría como a Rusia y se nos mandaría alguna primavera como la de Siria, etc… por no querer seguir haciendo el papel de prostituta barata chuleada por los mismos enemigos de Dios. Nos cuesta pensar que algún periodista o pensador liberal-conservador democratista tenga el valor y la honestidad suficientes para querer llegar al fondo de la cuestión, por lo que seguirán mareando la perdiz, confundiendo a los demás y sobre todo tratando de engañarse a sí mismos, que la verdad es un plato demasiado duro de digerir no solo para los españolitos con pulsera rojigualda y de la selección española de balompié (antes conocida como la furia, ahora como la roja, muy apropiadamente por cierto), para los que eso de pensar no es que no se les de bien: es que ni siquiera lo practican; sino también para los  los mejor pintados que son los que van de católicos e intelectuales por la vida sin saber lo que es de verdad la Santa Religión Católica, mientras continúan plácidamente extasiados por el chute de morfina liberal, democrática y conciliar, pero sobre todo conciliar.

Así que el que elija la segunda opción que no se haga ilusiones de haber elegido un camino fácil, que se prepare para trabajar interiormente, renegando del paganismo propio, confesando a Cristo sinceramente y de corazón, en el propio interior, y actuando en consecuencia, obrando según los mandatos de Dios, no según los dictados de la carne. ¿De verdad estáis dispuestos a tener fe y esforzaros en ser sinceros católicos, buscando luz y fortaleza en la Santa Tradición? Y ojo, que ser católico implica esforzarse en ser bueno, pero no tonto (pacifista, buenista, quietista, multiculturalista, etc…): “Sed pues prudentes como las serpientes y sencillos como las palomas”. Todo esto es lo que implica verdaderamente la segunda opción propuesta. Ahora a pensarlo bien.

Queremos también hacer un importante comentario a este texto:

“la inexistencia de un clero regular autorizado para hacer evolucionar la doctrina al ritmo de los tiempos”.

Mal asunto sería (y deseamos que no) que el autor pensara lo mismo de la Religión Católica, lo cual es típico de todo conservador liberal e hijo del concilio, pues la verdadera doctrina que es Palabra de Dios no está sujeta a los tiempos: “El cielo y la tierra pasarán pero mis palabras no pasarán”, dice el mismo Logos de sí mismo, pues Dios es el que Es, es el Ser en sí, que no cambia por mas que pretendan evolucionarlo: “Stat crux dum volvitur orbis”. La Verdad es una sola y es la misma siempre, la Iglesia no puede tocar ni una iota de la Revelación, tan solo puede explicarla y definirla correctamente. El pensar lo que dice la frase acerca de la Religión Católica es típico de la herejía modernista, hoy triunfante en la iglesia conciliar de la que los conservadores liberales son fieles hijos, es la teología del dogma evolutivo, o el cuento de la evolución llevado al dogma católico, algo verdaderamente absurdo de lo que no se quieren dar cuenta.

Por otra parte Benedicto XVI, a pesar de lo de Ratisbona, no es mas que otro conservador tan modernista y destructor de la Iglesia como sus antecesores conciliares y su sucesor. En el fondo no hay diferencia entre ellos, en la práctica todos herejes materiales, con sus obispos y todo su clero, solo tienen diferencias de enfoque, distintos planteamientos tácticos. Sin embargo Benedicto XVI viene a ser uno de los héroes de los liberal-conservadores-conciliares, los que proponen reafirmar nuestra identidad… al grito de ¡Viva la Pepa!

En definitiva la única opción que nos queda, y planteándolo como un combate de resistencia y estando dispuestos al martirio en todas sus formas, por amor a Dios por encima de todas las cosas, es ser verdaderos y sinceros católicos, ya que este clero conciliar modernista y su engañada y envenenada feligresía no quieren serlo. La segunda opción propuesta por el autor entendida seriamente y llevada a sus últimas consecuencias implica, para empezar, una importante transformación interior de cada uno, siendo esto condición necesaria pues si hablamos de confesionalidad del estado habrá que predicar primero con el ejemplo de la propia confesionalidad individual. El camino, pues, empieza por uno mismo y el resto Dios dirá: “Buscad primero el Reino de Dios y su Justicia y lo demás se os dará por añadidura”. Pero sin hacernos ilusiones mundanas y temporales, pues viendo lo que vemos y sabiendo lo que sabemos nos tememos que hoy por hoy ni nadie ni cree ni nadie espera ni nadie está dispuesto a cargar la Cruz de Cristo, tal y como estaba anunciado, y sin embargo: His autem fieri incipientibus respicite et levate capita vestra quoniam appropinquat redemptio vestra. Hoy mas que nunca bien podría ser que estuviéramos ya en esos días anunciados. Bendito sea Dios.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s