España · Religión

Novena a Cristo Rey por España. Día noveno.

Cristo es Rey por el doble título de Creador y Redentor de todos los hombres, por lo cual le deben entera sumisión no solamente los individuos, sino igualmente las familias, sociedades y naciones. Instituida en 1925 por Pío XI, esta fiesta inflama el corazón de los fieles contra los errores opuestos a los derechos divinos de nuestro Señor Jesucristo, tan conculcados ya en aquel momento. “Esta fiesta – decía el Papa – enseñará a las naciones que el deber de adorar públicamente y obedecer a Jesucristo, no sólo obliga a los  particulares sino también a los magistrados y gobernantes (…) Es, además, maravillosa la fuerza y la virtud que de la meditación de estas cosas podrán sacar los fieles para modelar su espíritu según las verdaderas normas de la vida cristiana“.

Persignación

† Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor Dios nuestro.

† En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Acto de contrición

Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser Vos quien sois, Bondad infinita, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberos ofendido; también me pesa que podáis castigarme con las penas del infierno. Ayudado de vuestra divina gracia, propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuera impuesta. Amén

Oración inicial

¡Oh Cristo Jesús! Os reconozco por Rey universal. Todo cuanto ha sido hecho, ha sido creado para Vos. Ejerced sobre mí todos vuestros derechos. Renuevo mis promesas del Santo Bautismo renunciando a Satanás, a sus pompas y a sus obras; y prometo vivir como buen cristiano. Y particularmente me comprometo a hacer triunfar, según mis medios, los derechos de Dios y de vuestra iglesia. Corazón Divino de Jesús, os ofrezco mis pobres acciones para obtener que todos los corazones reconozcan vuestra Sagrada Realeza y que así el reinado de vuestra paz de establezca en el mundo entero. Así sea.

Día noveno

(Comunión): Se sentará el Señor Rey para siempre: el Señor bendecirá a su pueblo con la paz.

(Oración de poscomunión): Habiendo recibido el Alimento de inmortalidad, te pedimos, Señor, que cuantos nos gloriamos de militar bajo las banderas de Cristo Rey; con El mismo podamos reinar continuamente en la patria celestial. Que contigo vive y reina.

∗ ∗ ∗ 

“Jesús Nazareno, Rey de los judíos.” “Regnavit a ligno Deus” “Y al nombre de Jesús doblarán la rodilla en el Cielo, en la tierra y en los infiernos.” ¡Oh Rey divino!, al presentarte en este día bendito nuestras adoraciones, te ofrecemos cuanto somos, tenemos y deseamos; no nos detiene nuestra miseria, pues eres todo misericordia; confiamos conseguir todas nuestras peticiones, pues eres todo amor y el amor atiende siempre, y te lo pedimos en unión de nuestra Reina y Madre Inmaculada y de los ángeles custodios de todas las almas.

¡Señor!, arroja de tu reino a los demonios y a todos tus enemigos y concede a la Iglesia una era de paz. Lleva a Ti en este día a las almas del Purgatorio, un perdón general a todos los pecadores y poniendo luz en sus inteligencias y amor en sus corazones, prueba una vez más que es más grande tu misericordia que nuestra malicia y miseria.

Llena de amor y pureza a los sacerdotes, a los niños y a las almas a Ti consagradas, formando de ellas esas legiones de almas puras, humildes y amantes que Tú deseas: almas pequeñitas que como granos de trigo formen todas en una perfecta unión de intenciones y corazones con la Víctima divina del Calvario y del altar una Hostia que aplaque al Cielo por los pecados de la tierra y haga descender sobre ella perdón y misericordia para los desgraciados pobres pecadores, de esas almas que quieres sean las delicias de tu Corazón en la tierra y tu corte de amor en el Cielo. Amén.

Oración por España

Jesucristo Rey, Señor y Dios nuestro, mira a tu pobre España y ten Misericordia de nosotros. Perdónanos Señor y, acordándote de tu promesa, no nos abandones para siempre frente a nuestros enemigos. Escucha, Señor, la súplica de tus santos y mártires de España. Y por tu Gracia concédenos a los españoles, Señor, el don de la conversión para que, aceptando agradecidos tu suavísimo yugo, te reconozcamos como rey en nuestros corazones y confesemos de nuevo la divinidad de tu Majestad. Ven Señor, date prisa en socorrenos. Amén.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria

Uniendo mi corazón al Corazón de Cristo Rey y mis intenciones a las suyas, rezaré:

Padre nuestro, que estás en los cielos: santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo; el pan nuestro de cada día, dánosle hoy; perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores; y no nos dejes caer en la tentación; mas líbranos del mal. Amén.

Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor está contigo. Bendita eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre, al Hijo, y al Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.

Oración final

A Ti, Príncipe de los siglos, a Ti oh Cristo, Rey de las gentes, a Ti te confesamos único Señor de las inteligencias y de los corazones.

Una turba criminal vocifera: “¡No queremos que reine Cristo!” Pero nosotros, con nuestras ovaciones, te proclamamos Rey supremo.

¡Oh Cristo, Príncipe de la Paz! Somete a las almas rebeldes, y a los extraviados reúnelos con tu amor en un solo redil.

Para eso estás colgado de un árbol sangriento con los brazos abiertos, y muestras tu corazón por cruel lanza traspasado y ardiendo de amor.

Para eso te ocultas en los altares, bajo la figura del vino y del pan, derramando la salvación para tus hijos por tu traspasado pecho.

A Ti los que mandan en las naciones, ten ensalcen con públicos honores, te honren los maestros y los jueces, te reproduzcan las leyes y las artes.

Las insignias regias, sumisas, a Ti se dediquen: y somete a tu suave cetro la patria y las casas de los ciudadanos.

Oh Jesús, a Ti sea la gloria, que repartes los cetros del mundo, con el Padre y el Espíritu Santo, en los siglos infinitos. Amén.

† En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

 

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