Editorial · Religión

El verdadero problema es el Concilio

Habría que haber empezado por el 1er mandamiento, y de ahí la vertiente (in)moral de la cuestión catalufa porque por encima de todo lo dicho se atenta contra la verdad y contra la justicia, y de ahí viene todo. Por eso: “buscad primero el reino de Dios y su jusiticia y lo demás os será dado por añadidura”.

Pero no solo la “iglesia catalana”, no olvidemos que también los obispos españoles, mediante la CEE se ha manchado de felonía, no solo por traición a España sino sobre todo por traición a Quién se le debe lealtad completa, que es a Jesucristo y a su Iglesia universal (que es algo mucho mas que una estructura temporal en un momento determinado). La felonía fue cuando se pusieron de perfil con todo el asunto, gesto que muchos interpretaron como que España ya estaba vendida cuando los obispos actuaban así. Para los obispos España dejó ya de ser un “bien moral”.

Esto no es nuevo, de tiempo se vienen avergonzando de la gran promesa: “Reinaré en España”. Y de mas lejos: en los ominosos tiempos de Tarancón (¿sus sucesores se diferencian en algo?); el vergonzoso pacto democrático-liberal de la transición (ahora muchos curas predican la democracia y el liberalismo – que es pecado – desde sus púlpitos); el empeño exitoso de destronar a Cristo socialmente (promoción de la aconfesionalidad de las naciones cristianas); el desarme ideológico de la catolicidad política mediante el giro doctrinal de 180º en clara oposición a dos mil años de Tradición y Magisterio, etc…

Lo cual viene todo del Concilio Vaticano II, el gran golpe de estado eclesial mediante el cual el Enemigo consiguió encaramarse en el mismo núcleo de la estructura temporal de la Iglesia de forma que consiguió, no pasar inadvertido, pero sí neutralizar toda respuesta de oposición y denuncia mientras se hacía con un clero sumiso al error y la traición que adulteraría la Religión, empezando por la Santa Liturgia para acabar descatolizando la Iglesia Católica, que es lo que vemos ya hoy día, aunque algunos no lo vean y sobre todo no lo quieran ver; y aunque a algunos les escandalice, pero la verdad está para ser dicha.

Por tanto el verdadero problema de la Iglesia hoy, no solo la catalana o la española sino la universal, y de ahí todos los problemas políticos, sociales y sobre todo morales que estamos viendo, vienen del escándalo del Concilio Vaticano II. Quién quiera saber que está pasando en el mundo, de donde viene todo y hacia donde nos dirigimos, que estudie lo que pasó en el infame concilio, considerado conciliábulo por muchos (de hecho solo quiso ser “pastoral”, no definió nada, no pidió la asistencia del Espíritu Santo).

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No hubiera habido un Tarancón al mando (está claro que San Pio X no acabó con los modernistas, tan solo los mantuvo a raya hasta que consiguieron dar el golpe conciliar) sin un Pablo VI, y sin un Juan XXIII y sin un Concilio Vaticano II que fue la toma del poder de un modernismo (que es una herejía condenada por la Iglesia) triunfante. Y después de estas décadas los miembros de la iglesia empezando por sus pastores continúan ciegos y zombis. Misterio de iniquidad.

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Por la gravedad y complejidad de la situación que vive la Iglesia no podemos esperar demasiado de los pastores (sin buenos sermones, ni mucho menos hechos que convenzan), porque de hecho son ellos los primeros necesitados de conversión, por fuerte que parezca.

Tiene uno que por sus propios medios informarse bien, catequizarse bien, adquirir las nociones básicas y llegar a comprender la trampa mortal que supone ese concilio.

Se dice, y así lo parece, que estamos ya en la Parusía (entendida como época no como hecho específico que aun no ha sucedido) y … “cuando vuelva el Hijo del hombre, ¿hallará fe en la tierra?”.

Humanamente hablando, y aun mas exegéticamente hablando, podríamos decir que es dudoso o muy improbable que la “iglesia oficial” (entendida como estructura temporal, con su jerarquía temporal, etc… ) se convierta (misterio de iniquidad) pero en cualquier caso como cristianos debemos acogernos al “ora et labora”, hacer cuanto podamos, sobre todo denunciar la situación y proclamar la verdad, y por encima de todo procurar la salvación del propio alma, eso es lo primordial.

En suma, no esperemos demasiado que los pastores vayan a venir a remediar la situación eclesial ni la moral de la sociedad ni la espiritual del rebaño de Cristo, mas bien hay que ser prudentes frente a ellos, por no decir otra cosa. Quedan sin embargo aun pastores buenos, de fiar, pero pocos, muy muy pocos. Busquen en la Tradicion, en la Liturgia de siempre, pero siempre procurando informarse por uno mismo hasta el final, que de todo hay.

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Hay que denunciar el Concilio Vaticano II por activa y por pasiva, a tiempo y a destiempo, y por una variedad de buenas razones: por lealtad a nuestro Señor, por honor a la Verdad, por la salvación de las almas (sin esperar conversiones masivas, sino una a una salvar las que se pueda), principalmente.

Luego, en previsión de la que se avecina, porque la persecución no cesará, tratar de configurar la mejor línea defensiva que nos sea posible para cuando pinten bastos, porque todavía no hemos visto nada. Es el momento, ahora, de forjar esas posiciones defensivas (recalco lo de defensivas) y eso se hace tratando de abrir los ojos a la gente, que por poner el caso de Cataluña, extensible a cualquier lugar y circunstancia, hay mucha buena gente (buena en sentido convencional) que no quieren problemas, que ven la malicia del separatismo, que no pocos aman sinceramente a España, etc… pero como ya sabemos esto no es suficiente para la salvación, porque muchas de estas personas, la mayoría tal vez, tienen un pensamiento liberal (y aquí incluyo al socialismo), es decir, que a la vez que defienden España también defienden el aborto, toda suerte de inmoralidades cuando no ellos mismos llevan una vida disoluta. Y eso, para el que lea, no lleva a la salvación del alma, que independientemente de lo que uno opine o deje de opinar es algo objetivamente cierto (la salvación… o la condenación eterna) por mas anti-separata que sea uno, y al final del todo lo que importa es la salvación del alma, que trasciende, mientras todo lo demás tiene fijada su fecha de caducidad.

Comentado aqui.

 

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