Editorial·España

Cortemos la soga a los papánoeles

Es asombroso como los expañolitos setentayochescos asimilamos de forma entusiasta y sin rechistar todos los injertos contra nuestras tradiciones como uno mas de los mecanismos activados para destruir nuestra identidad y homologarnos a la metrópoli anglo-useña (anglo-sionista en el fondo, pero lo hablaremos otro día).

No hay mas que ver como nos meten las union jacks por las narices, en las camisetas, en las maletas, en los bolsos de las señoras, en las mochilas de nuestros niños y hasta en los calzoncillos de los que luego van presumiendo de patriotas. Nunca veremos a un brit con una bandera española ni de ningún otro sitio que no sea de su país, lo cual es normal, pero los españoles desde la democracia nos hemos vuelto imbéciles endófobos superlativos.

Por no hablar de los papánoeles (que de San Nicolás no tienen nada) y de las cursis peliculillas del “espíritu mágico” de la “navidad” (cuando quieren decir fiestas de invierno, saturnales o similares).

Por no hablar del jalogüín, que no pasaría de grotesca ridiculez si no fuera en realidad una auténtica fiesta demoníaca. Pero los españolitos de la democracia ahí van todos como idiotas picando todos los anzuelos y en este caso disfrazando a sus nenes de demonios, dráculas, zombis y demás criaturas infernales, con lo monos que se ven.

Y de penúltima importación el black friday, que ni de traducirlo al español se han preocupado. Bueno, pero si en España los chicos que salen de la escuela y el instituto ya saben hablar y escribir mejor en inglés que en español.

Y ahora el último grito de copiar y pegar: ponerle nombre a los temporales. Y desde hace años las representaciones teatrales infantiles, que menos mal que el 4 de julio los chiquillos están de vacaciones.

Pero todo se andará, como el día de acción de gracias, el día de la marmota y el aniversario de la batalla de Gettysburg. Todo es posible en la eXpaña setentayochesta donde los españoles hemos demostrado tener una determinada e infinita capacidad de estupidez  que nos habilita a ser capaces de tragar todo lo que nos echen, absolutamente todo, como si de cebar a gansos se tratara. Los ingenieros sociales con mandil en sus tenidas luciferinas deben de estar todavía sorprendidos de la facilidad con la que han conseguido doblegarnos y destruirnos sin casi pegar un tiro (sin contar la Eta y algunos atentados de falsa bandera).

Pena de España, cuando uno mira alrededor y ve los bueyes patriotas (los otros no sirven ni para arar) con los que nos ha tocado arar, con sobreabundancia de cafres, algunos llenos de pírsines, tatuajes, greñas y peinados de cenicero, pero no pocos con traje y corbata y jerseys Lacoste.

Es normal, perfectamente normal que estemos así, ¿que esperábamos?

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