Editorial · España · Religión

Feliz, Santa… y religiosa Navidad

Aunque suene a redundancia conviene recordar que la Navidad, por mas que se celebre en familia, no es una fiesta familiar sino religiosa, una obviedad por muchos ignorada*.

Y si no la vivimos con ese espíritu religioso malamente reivindicamos nuestra identidad, que mas que cultural, étnica e histórica, es eminente y esencialmente católica (tradicional, no conciliar).

Si no vivimos la Navidad con espíritu religioso entonces con impostura e inautenticidad iremos luego diciendo que debemos conservar nuestras tradiciones, pues la Santa Religión es una Tradición viva, no un mero derivado cultural sin trascendencia o con una tan pretendida como falsa trascendencia estrictamente filosófica.

Y sobre todo, si no vivimos la Navidad con espíritu religioso entonces pobre recibimiento le hacemos al Redentor que hoy nos nace de nuevo, como vino por primera vez en aquella cueva de Belén, y como esperamos con júbilo y ardiente deseo (o deberíamos) que venga de nuevo en Gloria y Majestad para nuestra definitiva liberación.

Entiéndase por tal liberación definitiva la de aquellos que a lo largo de toda la Historia han querido vivir y morir como amigos, hijos y soldados de Aquel que nació para entregarse voluntariamente en la Cruz por amor a nosotros los hombres. Sacrificio Santo ofrecido por todos y sin embargo rechazado por muchos, incluyendo a tantos y tantos patriotas… que viven y piensan como auténticos revolucionarios…  y todavía no han querido darse cuenta.

Sea por tanto esta reflexión nuestro regalo de Navidad para los que se tengan a sí mismos por auténticos españoles: Que tengamos todos una Feliz, Santa, patriótica… y sobre todo muy religiosa Navidad, por Dios nuestro Señor, y por España en su católica identidad.


* No hablemos ya de la paganización que ha hecho de la Navidad el mundo ya completamente paganizado, siendo por cierto curioso que la Iglesia militante en el pasado santificaba las fiestas y costumbres paganas, y ahora es el mundo anticrístico el que paganiza las fiestas cristianas con la colaboración de una iglesia conciliar rendida, traidora, perdida y mundanizada, mientras que los restos de la Iglesia sobreviven dispersos y preparándose para las catacumbas.

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