Opinión

Distopía, Apocalipsis

glosando a Javier Barraycoa
extractos de la entrevista publicada en El Correo de España

Nota previa de TD: Lo que el profesor Barraycoa expresa en términos sociológicos como una distopía, desde una perspectiva religiosa bien pudiera parecer estar refiriéndose al mismísimo Apocalipsis, en su consideración mas popular, es decir, la etapa del reinado del Anticristo previa al regreso de Cristo como Juez y León de Judá. Es lo que algunos desde hace tiempo venimos planteando como áltamente probable para estos tiempos, una probabilidad que vemos afianzarse e incrementarse con el correr del tiempo y el devenir de los acontecimientos (señales de los tiempos). También venimos observando cómo ciertos autores e intelectuales son cada vez menos reservados, prudentes y esquivos, y mas diáfanos y tajantes a la hora de plantear esta cuestión. Invitamos a leer estos extractos teniendo en cuenta estos planteamientos, a la vez que nos atrevemos a compartir las glosas que nos inspiran. Como complemento proponemos la conferencia del mismo profesor Barraycoa sobre miedo y control social tomando por caso la pandemia producida por el coronavirus.


Esta pandemia ha demostrado que el Estado de Bienestar tiene aluminosis. A duras penas Estados como España e Italia han aguantado. Y ello al precio de hipotecarnos para varias generaciones. Una segunda oleada de esta pandemia, no lo aguantaríamos y se desvelaría que el Estado de Bienestar es una farsa insostenible.

Parece que concuerda con lo que desde la disidencia se viene diciendo desde hace tiempo acerca de una crisis provocada deliberadamente. Una crisis final como colofón de una serie de crisis que han ido minando y preparando el terreno para que el populacho, rendido hasta la extenuación (social, económica, psicológica, moral y espiritualmente), reciba sin resistencia el principado del Anticristo. La exégesis del Apocalipsis nos dice que el Anticristo (con su cohorte de servidores, las élites globales y sus ejércitos de apesebrados y servidores menores sin escrúpulos, entiéndase los políticos, especuladores y demás agentes menores) y su cuerpo anticrístico (político, ideológico, económico) se presentará entonces como salvador del mundo (el Demonio siempre fue el mono de Dios, tratando de imitarle con resultados torpemente simiescos), aportando la solución global (una auténtica farsa por lo demás) a cambio de que sean aceptadas sus pretendidamente necesarias condiciones, probablemente una legislación ideológica, clara o veladamente anticatólica, radicalmente mas agresiva que cualquier cosa que hayamos visto hasta ahora: prohibición de las religiones, o sincretismo de todas como religión del hombre, que adora al hombre.

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Nos están habituando a dos tipos de confinamiento. Uno es físico y otro mental. A esto le podríamos llamar ingeniería social, pues el acatamiento al poder funciona, porque este ha conseguido a través de los medios de comunicación una falsa conciencia colectiva. Así el confinamiento se ha transformado en un autoconfinamiento lúdico y casi festivo. Ahora más que nunca el Estado se manifiesta como un Gran Hermano. Ya no es un Padre odioso, sino que toma la figura de Madre que vela y quiere a sus hijos.

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En el futuro, nos iremos acostumbrando a los confinamientos, a la disciplina de masas, cierres de fronteras o ciudades. No hará falta pandemia, se podrán argumentar cualquier tipo de motivos que puedan alertar a la población: exceso de contaminación en las ciudades, desórdenes públicos.

El gentío ya está social e individualmente preparado, después de haber sido moldeado a conciencia. Esto, espiritualmente hablando, se ha podido llevar a cabo porque ya no hay en la práctica una luz que guíe a las almas en la oscuridad del mundo, es decir, una Iglesia Católica con fe y que ejerza de tal. Solo quedan algunos puñados de curas y fieles diseminados que permanecen íntegramente en la fe y la liturgia auténticas e inmaculadas (pusillus grex), intenciones aparte por supuesto.

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El Estado de Bienestar está tocado. Pero el Estado como estructura de poder no. Situaciones como la pandemia pueden tener efectos de fortalecimiento del Estado, pero a costa de arruinar una clase media y mantener una oligarquía dominante sobre una mayoría misérrima. Hemos de pensar que el coste económico lo van a pagar los que tenían dinero ahorrado, planes de pensiones, acciones. Todo ese dinero “virtual” puede desaparecer de la mañana a la noche.

Esto recuerda al pasaje apocalíptico que dice que no se podrá comprar ni vender salvo el que tenga en su mano derecha o en su frente el número o marca de la Bestia. Es decir, el que no acepte las condiciones impuestas estará fuera del sistema, será un apestado, un paria, como mínimo. Una masa desespiritualizada, que solo piensa en términos carnales, materialista, será incapaz de negarse a aceptar cualquier cosa que se le imponga por un pedazo de pan, no digamos ya por unas condiciones de vida mínimamente honrosas, o tal vez algo mas que eso.

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Los Estados han conseguido que empresas como Google y sus derivados como Whatsapp, colaboren en el control por las redes sociales. Igualmente se implementará, como en China, un sistema de clasificación social por el móvil. En China los móviles funcionan por reconocimiento facial y sólo puedes usar el tuyo. A partir de ahí, según lo que compres con el móvil, el uso que hagas de él o tus redes de contacto, se te clasifica en tres tipos de “categoría social”: de ciudadanos peligrosos a buen ciudadano. A los primeros, por ejemplo, se les niega la movilidad, ciertos beneficios sociales que proporciona el estado, etcétera.

¿Será un teléfono móvil ese número o marca de la bestia? Tradicionalmente se ha venido hablando que podría ser un microchip injertado en piel.

Evidentemente, el papel moneda acabará desapareciendo y el control económico será total. De ahí la lucha política por dominar globalmente la tecnología 5G de los móviles. Con esa tecnología, el control sobre los individuos ya será prácticamente total.

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Ante la disyuntiva de vivir una sociedad donde obligatoriamente todos fuéramos igual y estuviéramos protegidos por el poder ([Tocqueville] ya adelantó una visión del comunismo), o la libertad, la gente elegiría lo primero. Este debate se ha prolongado a lo largo de la historia reciente del pensamiento político. Si una cosa hemos podido comprobar en estos dos últimos siglos es que las masas son mucho más sumisas de lo que podíamos imaginar ante el poder. Y cuanto más totalitario es el poder más se le acaba aceptando, siempre y cuando garantice pan y salud.

Otra vez se repite la misma idea.

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El silencio se le hace insoportable a mucha gente por que entonces uno debe encontrarse consigo mismo y empieza a operar ese verbo mental, fundamento de la oración. Pero ello desespera a la gente, pues ya se han perdido los hábitos de oración y contemplación.

Por eso el Estado se está encargando, mesiánicamente, de entretenernos a todos, nos regala teleseries gratis, nos enseñan a hacer gimnasia en casa, a aprender cosas inútiles por televisión, a tragarnos el relato de la crisis que siguen un guión optimista predeterminado, a salir a las 20h a aplaudir a modo de catarsis colectiva. Sin embargo, ciertamente, mucha gente quedará tocada psicológicamente porque han descubierto su verdadera fragilidad psicológica.

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En el orden particular seguro que hay conversiones y mucha gente habrá vuelto a intentar rezar. Lo malo es que muchos ya ni saben rezar. Pero en el orden colectivo se está creando una desafección a la Iglesia.

Desde luego, por mas que sea una iglesia conciliar desnaturalizada, o descafeinada hasta el extremo, o directa y claramente traidora, que se pasa al enemigo (es el pseudoprofeta, anticristo religioso o bestia de la tierra en el Apocalipsis, el que preparará el terreno al Anticristo político o bestia del mar). El populacho embrutecido y aleccionado no hace distinciones, odiará y matará todo aquello que le digan que tiene que odiar y matar. Tal vez, no es descartable, la persecución sea (supuesto hablamos de una persecución violenta, mas allá de la espiritual, mas letal, que se se da por descontada y en la que ya estamos inmersos desde hace tiempo) contra los restos que decidan mantenerse fieles hasta el final (pero son tan pocos e insignificantes que recuerdan a la mujer del Apocalipsis que es llevada al desierto para ser puesta a salvo), y en tal caso tampoco sería descartable que esta persecución sea capitaneada por la iglesia oficialmente apóstata en la que quizás se acabe convirtiendo la iglesia conciliar. Obviamente todo son conjeturas, aunque no hay que desechar nada.

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Lo que podemos afirmar es que este virus tiene comportamientos muy extraños. Y el país que obtenga la vacuna adquirirá una importancia estratégica muy poderosa. Y, sobre todo, que la pandemia está sirviendo para engrasar, mejorar y perfeccionar métodos de control social y de ingeniería social. Podremos ver la resistencia, por ejemplo, del sistema financiero de Europa frente a China o Estados Unidos. A lo mejor Europa se quiebra en dos. También se está comprobando la capacidad de emisión de poblaciones de millones de personas. Como hemos dicho antes también se está llegando al centro total de las redes sociales y su monitorización. Los medios de comunicación, totalmente arruinados, presentan un servilismo todavía mayor. Por desgracia, esto parece el inicio de una distopía.

Desde luego. El tal “virus” tiene un comportamiento muy logrado: letal con los ancianos, inofensivo para los niños, extremadamente contagioso, aparentemente se camufla (si no es otro bulo) en pacientes asintomáticos, etc… Esto sin saber (y seguramente nunca lo sabremos) si ha sido una suelta deliberada (lo mas probable), a cuenta de China, o de Usa, por la guerra comercial entre ambos, por el 5G o vaya usted a saber. Algo que en cualquier caso ha sido permitido por Dios (como mínimo, pues Dios para actuar igual se vale de un murciélago que de un pangolín o de un laboratorio, o sencillamente nos deja hacer). Y si desde luego algo queda claro es que el partido anticrístico, esté detrás o no de esto como último responsable, lo está utilizando como un ensayo general, como maestros que son en las ciencias oscuras (humanidades o conocimientos sobre el hombre aplicados para destruir al mismo hombre, con el fin de ofender a Dios), obteniendo información muy valiosa para cuando vayan a dar el golpe terminal, que lo acabarán dando tarde o temprano.

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Lo que sí podemos afirmar con total rotundidad es que desde hace mucho tiempo, las grandes elites mundiales, vienen avisando de que en el planeta hay demasiada gente y se tendría que llegar a una reducción poblacional del 50%. Y esto lo dicen los más moderados, otros abogan por reducirla hasta el 10%. Eso exigiría eliminar a varios miles de millones de personas. Estaríamos ante una categoría que propuso Foucault que es la del biopoder. Esto es, ejercer los controles poblacionales a través de los controles de natalidad y mortalidad.

Las drásticas reducciones poblacionales sólo se pueden conseguir con aborto y esterilizaciones masivas, guerras…o pandemias. El problema de las pandemias es cómo controlarlas y tener las vacunas para administrar a los “elegidos”. No es de extrañar que el virus que actualmente nos azota surgiera en Wuhan donde existe uno de los más importantes laboratorios bacteriológicos. Pero como este hay muchos en el mundo.

Sea lo que sea, lo que es indudable es que la elites mundiales buscarán formas radicales, para obtener su propósito de reducción poblacional.

También tenemos la vacuna obligatoria como candidata a ser el número de la bestia. Esta reducción drástica de la humanidad, bajo la mentira de salvar el planeta o cualquier otra excusa (en realidad es por puro odio) recuerda la cita apocalíptica que habla de una eliminación de un tercio de la humanidad. También recuerda a las diabólicamente misteriosas piedras guía de Georgia que hablan de reducir la población mundial a 500 millones de habitantes

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