Religión

«El final de los tiempos se acerca»

Por Mons. Carlo María Viganò.
Selección de citas tomadas de Adelante la fe.

Nota de TD: Recomendamos la lectura completa de la conferencia que también se puede encontrar aquí, incluyendo una audiolectura para descargar.

Una mirada objetiva a la situación actual no puede menos que captar la perfecta coherencia entre la evolución de la estructura política internacional y la misión que ha asumido la Iglesia en lo que se refiere a la implantación del Nuevo Orden Mundial. […] Sabemos que el programa del Nuevo Orden Mundial consiste en implantar una tiranía por medios masónicos. […] Podemos afirmar que el Nuevo Orden Mundial es la antítesis de la sociedad cristiana.

[…]

En ese enfrentamiento, la Providencia ha colocado a la Iglesia de Cristo, y en particular al Sumo Pontífice, como Katejón; es decir, el que se opone a la manifestación del misterio de iniquidad (2 Tes.2, 6-7). La Sagrada Escritura nos advierte además que cuando se manifieste el Anticristo, ese obstáculo, el katejón, dejará de existir. A mí me parece bastante evidente que el final de los tiempos se acerca, y salta a la vista, porque el misterio de iniquidad se ha propagado por todo el mundo con la desaparición de la oposición valerosa del katejón.

[…]

En tiempos extraordinarios, podemos oír cómo un pontífice engaña a los fieles; ver a príncipes de la Iglesia acusados de delitos que en otros tiempos habrían causado horror y serían severamente castigados; presenciamos cómo en nuestros templos se realizan actos litúrgicos que parecen inventados por la perversa mente de Cranmer; vemos cómo prelados llevan en procesión al inmundo ídolo de la Pachamama a la Basílica de San Pedro; y oímos al Vicario de Cristo ofrecer disculpas a quienes adoraron tal ídolo porque un católico osó arrojarlo al Tíber.

[…]

Desde hace sesenta años presenciamos como la Iglesia verdadera es eclipsada por una antiglesia que poco a poco ha usurpado su nombre y ocupado la Curia y los dicasterios romanos, así como las diócesis, parroquias, seminarios, universidades y monasterios. La antiglesia ha usurpado su autoridad, y sus ministros visten las vestiduras sagradas de la Iglesia; se vale del prestigio y el poder de la Iglesia para apropiarse de sus tesoros, bienes y dinero.

[…]

Actualmente nos encontramos en ese cono de sombra doctrinal, moral, litúrgico y disciplinario. No es todavía el eclipse total que veremos al final de los tiempos durante el reinado del Anticristo. Es un eclipse parcial que nos permite ver la corona luminosa del Sol rodeando el negro disco de la Luna.

El proceso que ha llevado al eclipse actual de la Iglesia se inició indudablemente con el modernismo. La antiglesia siguió su órbita a pesar de las condenas solemnes del Magisterio, que durante aquella fase alumbraban con el esplendor de la Verdad. Pero con el Concilio Vaticano II las tinieblas de esa falsa entidad descendieron sobre la Iglesia. […]. El caso del arzobispo Marcel Lefebvre y otros prelados confirma por un lado la previsión de esos pastores, y por otro la desordenada reacción de sus adversarios, que por miedo a perder el poder se valieron de toda su autoridad para negar la evidencia y disimular sus verdaderas intenciones.

[..]

Como ya he escrito en otras ocasiones, las exigencias revolucionarias de la Nouvelle théologie encontraron terreno abonado en los padres del Concilio debido a un grave complejo de inferioridad ante el mundo. Hubo un tiempo durante la segunda posguerra mundial en que la revolución dirigida por la Masonería en los ámbitos civil, político y cultural penetró en la élite católica y la convenció de que no estaba en condiciones de afrontar el desafío de proporciones históricas que ya no puede evitar. […] Esta postura ideológica parte del erróneo concepto de que se puede establecer una alianza entre la Iglesia y el mundo contemporáneo, una concordancia de intenciones, una amistad mutua.

[…]

Voy a ser claro: la obediencia a nuestros sagrados pastores es ciertamente digna de elogio cuando mandan algo legítimo. Ahora bien, la obediencia deja de ser una virtud y de hecho se convierte en servilismo cuando es un fin en sí mismo y contradice el fin al que está ordenada, que es la Fe y la Moral.

[…]

El golpe de gracia de esta actitud quedó codificado en la reforma litúrgica, que manifiesta su vergüenza del dogma católico callándolo, con lo cual lo niega indirectamente. El cambio de rito engendró un cambio de doctrina que llevó a los fieles a creer que la Misa no es más que un banquete fraternal y que la Santísima Eucaristía no es otra cosa que un símbolo de la presencia de Cristo entre nosotros.

[…]

Cuando esa antiglesia esté totalmente implantada en el eclipse total de la Iglesia Católica, la autoridad de la Jerarquía dependerá de su grado de sometimiento al Nuevo Orden Mundial […] Mañana, un nuevo Tito saqueará el templo del Concilio, se llevará el botín a algún museo, y la venganza divina a manos de los paganos se habrá cumplido una vez más.

[…]

la responsabilidad de la crisis conciliar se debe achacar a las autoridades que incluso ante miles de llamadas a la colegialidad y el pastoralismo han guardado celosamente sus prerrogativas para ejercerlas en una sola dirección, o sea contra la pusilla grex (pequeño rebaño), y nunca contra los enemigos de Dios y de la Iglesia.

[…]

Ahora bien, sabemos que además del ala progresista del Concilio, y del ala católica tradicional, hay una parte del episcopado, del clero y del pueblo que intenta mantenerse a una distancia equivalente de lo que considera dos extremos. Me refiero a los llamados conservadores, es decir al sector centrista del cuerpo del cuerpo eclesial que termina por llevar agua a los revolucionarios, porque, aunque rechaza sus excesos comparte unos mismos principios. […]  Son ellos los que critican los excesos de la Pachamama o las más radicales declaraciones de Bergoglio pero no toleran que se ponga en tela de juicio el Concilio.

[…]

la iglesia profunda se vale de los conservadores moderados para aparentar que ofrecen libertad a los fieles. Por ejemplo, el mismo motu proprio Summorum Pontificum aunque permite la celebración del Rito Extraordinario, exige al menos de modo implícito (saltem simpliciter) que se acepte el Concilio y se reconozca la legitimidad de la reforma litúrgica.

[…]

El vocabulario católico tradicional ha sido deliberadamente modificado con miras a alterar el contenido que expresa. Otro tanto ha sucedido con la liturgia y la predicación, en las que la claridad de expresión católica se ha sustituido por la ambigüedad o por la negación implícita de las verdades dogmáticas.

[…]

La Iglesia Católica vive bajo la mirada de Dios; existe para la gloria de Él y para la salvación de las almas. Y la antiglesia vive bajo la mirada del mundo, promoviendo la apoteosis blasfema del hombre y la condenación de las almas.

[…]

La actitud de la Iglesia durante la pandemia del covid 19 ha demostrado por una parte el sometimiento de la Jerarquía a los dictados del Estado violando con ello la libertas Ecclesiae que el Papa debería haber defendido con firmeza.

[…]

El estado profundo tiene que conseguir mano de obra de bajo costo mediante la inmigración, la cual contribuye al mismo tiempo a la desaparición de la identidad religiosa, cultural y lingüística de los países afectados

[…]

La última encíclica, Fratelli tutti, es el manifiesto de esta perspectiva masónica en la que el trilema libertad, igualdad y fraternidad sustituye al Evangelio en aras de una unidad entre los hombres que excluye a Dios.

[…]

Una vez más, el cáncer del Concilio confirma que es el origen de la metástasis bergogliana.

[…]

Recuerdo que desde el siglo XIX, en los documentos masónicos de la Alta Venta, ya estaba planeada una infiltración masónica en la Iglesia:

[…]

Así pues, abandonemos de una vez por todas las vanas distinciones en lo que se refiere a los supuestos aspectos buenos del Concilio, la traición de la voluntad de los padres conciliares, la letra y el espíritu del Concilio, el peso magisterial (o la falta del mismo) de los actos conciliares y la hermenéutica de la continuidad frente a la de la ruptura.

[…]

La única manera de ganar esta batalla es volver a hacer lo que siempre ha hecho la Iglesia y dejar de hacer lo que hoy nos pide la antiglesia; es decir, lo que la Iglesia siempre ha condenado. Pongamos de nuevo a Nuestro Señor Jesucristo en el centro de la vida de la Iglesia; y antes de eso, en el centro de la vida de nuestra ciudad, de nuestra familia, de nosotros mismos. Restituyamos la corona a Nuestra Señora María Santísima, Reina y Madre de la Iglesia.

Volvamos a celebrar dignamente la sagrada liturgia tradicional, y recemos con las palabras de los santos, no con los circunloquios de los modernistas y los herejes.

[…]

Y por encima de todo –¡lo pido en nombre de Dios!– abandonemos ese complejo de inferioridad que nuestros adversarios nos han acostumbrado a aceptar; en la guerra del Señor no nos humillan a nosotros (es indudable que merecemos todas las humillaciones por nuestros pecados). No; humillan la majestad de Dios y a la Esposa del Cordero inmaculado. ¡La verdad que abrazamos no es nuestra, sino de Dios! Dejarla negar, o aceptar que deba justificare ante las herejías y errores de la antiglesia, no es un acto de humildad, sino de cobardía y pusilanimidad.

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