Editorial · Religión

La otra mejilla

A los que digan o piensen que los católicos, como el catolicismo en sí*, somos unos cobardones inútiles y no valemos para nada por aquello de poner la otra mejilla, les planteamos, así a bote pronto:

  • Jesús echando a los mercaderes del templo a latigazo limpio.
  • Jesús respondiendo cuando fue abofeteado en el sanedrín.
  • La batalla de Lepanto.
  • Las demás Santas Cruzadas decretadas por la Iglesia a lo largo de la historia.
  • Nuestra misma Reconquista, entendida también como una Cruzada.
  • La guerra de la Vandea.
  • La guerra de los Cristeros.
  • Nuestra Guerra Civil del siglo XX.
  • Tantísimos eventos históricos de similar índole.
  • Un hombre mata a otro en legítima defensa.
  • Empleo de la violencia para evitar el abuso de una mujer o de un niño o niña.
  • Tantísimas situaciones mas de similar índole.
  • Doctrina católica de la guerra justa, la dignidad de la persona y la legítima defensa.
  • Etc…

Y les preguntamos:

  • ¿Se contradice la Iglesia en su Magisterio? ¿Lo pueden demostrar?
  • Si la Iglesia no se contradice en su Magisterio, ¿por qué acusan al catolicismo de cobardón inútil?
  • ¿Están dispuestos a reconocer su ignorancia, prepotencia e incontinencia verbal o mental caso de no poder demostrar lo que de la Santa Religión afirman?

Vamos a ver: para arquetipo de virilidad: Jesucristo, el mayor Soldado y Capitán habido y por haber, modelo y ejemplo para todos los cristianos. Porque nadie puede negar que para enfrentarse a toda una turba fanática de judíos encolerizados y a sus propias élites, después de llevar tres años tocándoles las narices, y acabar ofreciendo su vida en acto de supremo y heroico sacrificio con el fin de salvar de la muerte a sus súbditos, camaradas, amigos, hijos y hermanos, hace falta tenerlos muy pero que muy bien puestos. Jesús, el soldado por antonomasia, cumplió su deber y obedeció hasta morir. Y el que vaya por ahí dando lecciones de valentía, que lo iguale. Así que si el Maestro es el mayor valiente que jamás ha existido, y lo es, su Evangelio no puede ser, y no lo es, un evangelio de cobardía para cobardes, sino de valor para valientes.

Concedemos que a veces puede parecer difusa la línea que separa la caridad de la cobardía, no digamos ya para los que no pueden pensar con la razón teologal (fe) porque no la tienen, y no digamos ya cuando se trata de la doctrina posiblemente mas difícil de Jesucristo: la de amar a los enemigos. Jesús nos dice que hay que amar al prójimo como a uno mismo, pero no mas que a uno mismo, y solo a Dios por encima de uno mismo y de todo. Así que cuando el prójimo atenta contra ti de forma notoria y grave no solo es legítimo sino obligado defenderte. Para una bofetada (entiéndase: una mala palabra, un mal gesto, etc.. ) se puede tener paciencia, pero si el prójimo lo que quiere es propinarte es una buena estocada en el gaznate (hacerte daño de verdad), amigo, no te quepa la menor duda de que lo que Jesús espera de ti es que te defiendas. Porque también dice Jesús que seamos prudentes como serpientes, pero sencillos como palomas, que aplicado a este caso se traduce como que tratemos de ser buenos, pero no tontos. Porque es que además si te pasas de tonto corres el riesgo de provocar mas al enemigo que, como los perros, se envalentonan en cuanto huelen el miedo, dando a lugar una situación violenta que no se hubiera producido de haber sabido mantenerte en tu sitio. En cualquier caso, cuando legítimamente tengas que pegar unos tiros para defenderte entonces lo que espera Dios de ti es que dispares sin odio, pero con puntería.

En realidad cada situación es distinta y es difícil establecer criterios o reglas. Uno debe de actuar en cada caso evaluando las circunstancias. De lo que se trata es de ganar al prójimo para Dios mediante la caridad y el ejercicio de las virtudes cristianas. A mayor humildad y paciencia por parte del cristiano mayor probabilidad habrá, por pequeña que sea, de que rindamos al enemigo para Dios. También hay que evaluar en cada caso el “hasta cuando”, porque Jesús nos dice que perdonemos setenta veces siete, muchas veces, pero no infinitas veces. Pues puede que llegue el momento en que haya que sacudirse el polvo de las sandalias y marcharse del lugar, no sea que los puercos se revuelvan y te devoren. Vemos que es un complicado equilibrio entre paciencia, humildad y dignidad, pues el cristiano, haga lo que haga debe hacerlo siempre haciendo valer su dignidad y manteniendo su paz, y siempre a mayor Gloria de Dios.

El caso extremo lo tenemos en el martirio. Tenemos los pequeños martirios de las pequeñas bofetadas, los pequeños desprecios y burlas, etc… Y luego tenemos el Martirio con mayúscula, que es el sacrificio de la vida por causa del Señor. El cristiano, asistido por la gracia divina, sabe distinguir cuando ha llegado el momento de la Cruz de cuando es el momento o bien de huir o bien de plantar cara, según las circunstancias. Cuando estás rodeado por el enemigo y no tienes escapatoria y sabes que van a por ti, que te van a quitar la vida y que lo van a hacer por causa de Jesucristo, entonces lo sabrás (Calvario, Coliseo…). Y entonces es el momento de seguir el ejemplo de valor y sacrificio del Maestro y Capitán. En ese caso, como hizo el Señor, y como hicieron tantos y tantos mártires, no tiene caso defenderte o protestar porque entre otras cosas lo único que vas a conseguir es atizar mas el fuego del verdugo para que se ensañe mas contigo.

Estamos hechos a imagen y semejanza de Dios y el modelo de perfección como personas lo tenemos en Dios mismo. Y si Dios no es cobarde, que evidentemente no lo es, nosotros tampoco hemos de serlo. Si Dios defiende su dignidad, nosotros también. Si Dios es lento a la ira (lento, no inasequible, de ahí la santa ira) nosotros también, pero si en determinadas situaciones Dios actúa de forma tajante, entonces nosotros también. El equilibrio perfecto para ser persona perfecta no solo es difícil sino prácticamente imposible para nosotros (sobre todo con nuestras solas propias fuerzas), lo que no quita que debamos esforzarnos hasta el final, pidiendo siempre la asistencia de Dios, por mas que a menudo el intento nos acabe saliendo regular.

En definitiva y en adelante, los que digan o piensen que la doctrina de la otra mejilla es una doctrina cobarde, o que se callen o que se lo piensen dos veces. Y los ñoño-católicos cobardones y acobardados que los hay y no pocos: que espabilen.

* Entiéndase: catolicismo auténtico, fiel, íntegro y tradicional, no el pseudo-catolicismo ñoño-conciliar.

Batalla de Empel. Jordi Bru. «Tal parece que Dios es español al obrar tan grande milagro», llegó a decir el almirante Hohenlohe-Neuenstein tras la completa victoria del Tercio Viejo de Zamora.

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