Editorial · Nuevo Orden Mundial · Religión

Listas negras para ovejas negras

El mas perverso y letal efecto de la campaña de vacunación forzosa es quizás insospechado e inadvertido para la mayoría, pero no así para sus autores, esa canalla criminal de psicópatas podridos de dinero y en pie de guerra contra la humanidad toda a la que pretenden esclavizar para siempre jamás, encerrándonos a todos en un gigantesco campo de concentración psico-tecno-comunista.

Lo tienen todo y a todos bajo su control para dar el golpe final, que llevan décadas, siglos preparando: políticos, policías, militares, periodistas, jueces, médicos, científicos, clero, la masa aborregada… naturalmente salvo honrosas excepciones en todos los casos, mas numerosas cuanto mas abajo en la escala pero casi inexistentes en lo alto. Por lo tanto no los tienen a todos bajo su control, pero sí a casi todos.

Y son esas excepciones en las que, en el mero orden natural*, ven la única amenaza posible a su diabólico, anticrístico plan de sometimiento global: la disidencia, o mejor dicho: los disidentes. Somos los únicos que podemos aguarles un poco la fiesta. Con nuestras denuncias y nuestra actitud tenemos la capacidad, en potencia al menos, de despertar al suficiente número de entre la masa durmiente como para hacerles fracasar. Somos peligrosos, y lo saben, y lo supieron desde el principio. ¿Cuales son, por tanto, las medidas que tienen pensadas para nosotros?

Fácil. Primero nos identificarán. Luego nos señalarán, nos culparán de todos los males habidos y por haber. Después nos amedrentarán con amenazas que se irán cumpliendo poco a poco para ir convirtiéndonos primero en ciudadanos de segunda (no podremos viajar, ni acudir a lugares públicos, se nos negará la sanidad, no podremos comprar ni vender... ) y finalmente en parias de lo mas despreciable (confiscación de bienes, campos de concentración). En este punto veremos muchas defecciones hasta que el redil de ovejas negras haya quedado reducido a la práctica nada. Y finalmente a los pocos que queden los harán desaparecer con total descaro e impunidad, pues ninguno de los obedientes borregos, a tal fin adoctrinados, va a derramar ni una sola lagrimita, sino todo lo contrario, por ver como se le aplica el garrote vil a esos malditos terroristas que atentan contra la paz y la seguridad del rebaño global.

Pero el primer paso es identificarnos y señalarnos. Y esa es la mas letal consecuencia que tendrá la vacuna, mas que los desconocidos efectos secundarios que a la larga traerá, especialmente la castración del hombre blanco. Los que no consintamos en meternos ese veneno en el cuerpo (como la misma camarilla satánica y sus funcionarillos de tres al cuarto tampoco harán) somos los peligrosos, los que desconfiamos, los que observamos y nos hacemos preguntas, los que aun tenemos el valor de pensar por cuenta propia, los que creemos en nobles ideales por los que preferimos entregar la Vida con honra antes que seguir vegetando como simples bestias clonadas y robotizadas dentro de un gigantesco rebaño que solo piensa en satisfacer el vientre y el bajovientre. Los que no nos pongamos la vacuna seremos las ovejas negras insumisas, los peligrosos, los disidentes. Y a ovejas negras, listas negras:

Sanidad elaborará una ‘lista negra’ con personas que no se vacunen y les exigirá explicaciones

Al acecho están; la caza del disidente ha comenzado. Los cristianos al menos tenemos la esperanza en la certeza de que los cazadores acabarán siendo cazados. Dios mío, ven en mi auxilio; Señor, date prisa en socorrerme**.

* No solo esta crisis, que apunta maneras (y de qué manera) de ser la última y concluyente, sino toda la Historia, tiene su génesis en el orden sobrenatural y por tanto en el orden sobrenatural encontrará su desenlace. Mientras sigamos ignorando la dimensión sobrenatural de toda la Vida y de toda la Historia seguiremos sin entender en profundidad lo que sucede, dónde estamos y hacia donde nos dirigimos. Tanto mas se alargará la agonía y mas cruel será cuanto mas tardemos en aceptar el hecho de que por nuestras solas propias fuerzas no podremos hacer nada, de que estamos superados y de que nuestro único consuelo y auxilio lo hallaremos en el Cielo. Roguemos por tanto y no demoremos la oración, en especial el Santo Rosario, para pedirle a la Madre de Dios que abrevie y anticipe la intervención de su divino Hijo como ya lo hiciera en las bodas de Caná de Galilea.

** Salmo 69

Dios mío, ven en mi auxilio;
Señor, date prisa en socorrerme.

Sufran una derrota ignominiosa
los que me persiguen a muerte;
vuelvan la espalda afrentados
los que traman mi daño.
Retírense avergonzados
los que se ríen de mí.

Alégrense y gocen contigo
todos los que te buscan;
y digan siempre: «Dios es grande»,
los que desean tu salvación.

Yo soy pobre y desgraciado:
oh Dios, socórreme,
que tú eres mi auxilio y mi liberación.

¡Señor, no tardes!.

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