Religión

Esto es el matrimonio

A esta desarticulación privada e individual, ha de añadirse la distorsión pública y social del matrimonio.

El medio utilizado para dislocar pública y socialmente al matrimonio es el divorcio.

Se trata de un atentado contra la indisolubilidad del vínculo matrimonial, nota esencial de la naturaleza del matrimonio.

El divorcio se opone, además, al fin primario del matrimonio, es decir la procreación y educación de la prole hasta la edad perfecta. También es opuesto al fin secundario de la mutua ayuda de los esposos.

El divorcio tuvo y tiene sus propugnadores, unos de matices sentimentalistas, y otros de ribetes filosóficos.

Están los que dramatizan las desavenencias conyugales, así como los que poetizan idilios de amores comprendidos y correspondidos con otra persona. Estos se ciegan para no ver en la realidad de la historia los desastres individuales y sociales del divorcio.

Tenemos también a aquellos que, basados en la libertad del contrato conyugal, esgrimen la libertad para anular dicho contrato, anulando el principio mismo de donde le hacen nacer; pues encadenan esa decantada libertad omnímoda, poniendo condiciones y regulando el divorcio.

Ribetes filosóficos que, o niegan la libertad, o necesariamente caen en el amor libre, o la libre saciedad de la sexualidad, sin más requisitos que los que a uno mismo le plazca ponerse, para abolirlos tan pronto como al mismo sujeto le venga en antojo.

Nació el divorcio de la pasión, enmascarada con el sentimentalismo y con el disfraz de traje filosófico, pero contiene algo más transcendente que la ruptura del vínculo conyugal en tal o cual caso determinado, pues se quiso con el divorcio hacer saltar en añicos el fundamento de la sociedad, que es la familia… Y se quiso demoler la familia, para que, una vez suprimida, se pudiese impunemente atacar a la Religión y a la Iglesia.

¡Qué bien lo ha declarado Balmes!: “Dad rienda suelta a las pasiones del hombre; dejadle que de un modo u otro pueda alimentar la ilusión de hacerse feliz con otros enlaces, que no se crea ligado para siempre y sin remedio a la compañera de sus días, y veréis cómo el fastidio llegará más pronto, cómo la discordia será más viva y ruidosa, veréis cómo los lazos se aflojan, cómo se gastan al poco tiempo, cómo se rompen al primer impulso”.

Y, con su profundidad natural, dice Santo Tomás: “El amor mutuo de los esposos será más fiel si ellos saben que están unidos inseparablemente: cada uno de ellos velará con más cuidado por los intereses domésticos, si comprenden que van a vivir perpetuamente en la posesión de los mismos bienes”.

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