Opinión

¿Acaso queréis vivir para siempre?

por Guerrilla Junior
 en Disidencia

Una aguja para el Gran Corona

Llegaba el rey Federico el Grande al frente de la Batalla de Kolin y veía como su ejército caía ante Austria, un desastre ya sin remedio. Pero una cosa es caer derrotado y retirarse ordenadamente para luchar -y vencer- otro día, y cosa distinta es acojonarse. Eso ya no podía ser. Ahí los austríacos perseguirían a los prusianos en desbandada haciendo mucho daño y… Bueno, no importa.

Lo que sí importa es que Friedrich II al ir a primera línea, se cruza con unos soldados suyos que dudan en hacer una carga que permita al resto del ejército salvar los muebles y salir entero del campo de batalla. Más o menos.

Federico mira a los guardias y les grita esto:

Ihr Racker, wollt ihr ewig leben?

El alemán es un idioma parco en insultos, y Racker es bastante fuerte para aquella época. En castellano sería algo así:

Rufianes, ¿acaso queréis vivir para siempre?

La guardia cargó y salvó el día. Más o menos.

Cuesta creer lo infinitamente cobardes que son muchos…

Tempus fugit

Hace un año hablábamos por vez primera del Coronavirus de Wuhan, una extraña enfermedad respiratoria que se extendía sin control y amenazaba con contagiar a todo el planeta si llegaba a salir de China. Donald Trump se empeñó en recordar siempre el origen del problema, refiriéndose a ella como el Virus Chino… Aquí nos gusta decir La Plaga China, ustedes llámenle como quieran mientras no sea el aséptico y exculpador SARS-COV2 o COVID19.

Lo poco que teníamos era información fragmentaria, parcial, interesada. No hay otra cuando el relato viene de los medios de comunicación de masas e o la Organización Mundial de la Salud.

Mucho ha cambiado desde entonces.

En enero y febrero de 2020 imperaba el principio de precaución ante el peligro desconocido. Se trataba de hacer frente a este virus con medidas políticas, sanitarias, sociales y personales. Cerrar fronteras con China y exigir control de todo lo que tuviera relación con aquel país y los focos que iban apareciendo en Irán primero e Italia después. Se trataba de afrontar el problema como lo que en realidad era, algo semejante a una nueva avalancha de refugiados o un ejército enemigo que nos ataca. El coronavirus era una agresión extranjera, una amenaza exterior.

Perdimos aquella oportunidad y la seguimos perdiendo.

A partir de ahí hemos vivido muchas cosas, se ha acumulado una enorme cantidad de evidencia científica, de experiencia personal y social. ¿Qué pensamos del Coronavirus hoy? ¿Qué pienso yo? Bien, que existe -yo mismo lo pasé a finales de marzo de 2020- pero que no es la plaga mortal que podría haber sido y nos dicen que es.

Se podría argumentar que nos oponemos por sistema a lo que diga el gobierno progresista de turno. No diré que no exista un sesgo al respecto, es cierto que hace un año reaccionamos ante los intentos de nuestros gobiernos de negar la gravedad de lo que podía pasar, y lo hicimos a lo grande, como no podía ser de otra forma. Principio de Precaución a Volumen 11.

También diré, digo, y se puede comprobar, que en cuanto tuvimos a la Plaga China entre nosotros, rápidamente empezamos a publicar otras cosas, encontrándonos poco a poco entre dos fuegos, como no puede ser de otra forma cuando se intenta defender la verdad y no aferrarse a cualquier posición precocinada. El Bando Negacionista y el Bando Oficialista estaban en contra nuestra, y hasta el fin de los tiempos será así. Son incapaces de distinguir entre el virus en sí, y la utilización político-social del mismo. Y si hay que caer en millones de falacias lógicas y una deshonestidad intelectual digna de nuestros tiempos, hágase.

¿Entonces qué? Pues eso, que el virus existe, y alguna vez es peligroso para gente joven. Definitivamente es peligroso para gente mayor.

Nada de esto justifica lo que estamos viviendo.

Su letalidad es mucho más baja de lo que parecía al principio y la afectación a nivel de secuelas no tiene pinta ni de ser lo normal, ni de en el caso de padecerse, ser irreversibles. Hablamos de cifras, de estadísticas, de grandes números. Sabemos -yo lo sé de primera mano- que hay multitud de excepciones. Sabemos igualmente cual es la norma; la asintomatología o la sintomatología leve, de forma abrumadora. No es un peligro para la población sana, ni siquiera para la que está un poco por debajo de lo que sería deseable. Está bien actuar y proteger a los grupos de riesgo. Y nada más.

Sí, ya salieron las vacunas. Algunas basadas en novedades biotecnológicas como el ARN mensajero, otras más típicas basadas en virus atenuados, inertes o muertos. Mi apuesta es a que ninguna servirá a medio largo plazo, y que es dudoso que sirvan a corto. Espero equivocarme.

El rastro del dinero

Mi experiencia y mi campo del saber es muy limitado, no toca ni de lejos la biología ni la química, menos aún la farmacología o las vacunas. ¿Por qué me atrevo a hablar de esto entonces? Bien, porque “La Vacuna” dista de ser un fenómeno exclusivamente sanitario, y se puede observar desde otros puntos de vista. Un entrenador de MMA me dijo que nunca boxeara con un boxeador ni me pusiera a darme patadas contra un kickboxer, siempre usar lo que uno sabe contra lo que el otro no sabe. Y eso voy a hacer.

Un punto de vista desde el que se puede valorar La Vacuna, es el económico. Y de rastrear y valorar datos y empresas sí que sé un poco.

La primera vacuna aprobada por las agencias reguladoras de la Unión Europea o los EEUU, ha sido la de Pfizer. Pfizer es una de las grandes empresas farmacéuticas mundiales, su producto más conocido fue Viagra y dispone de una infinidad de terapias y vacunas para todo tipo de enfermedades. Lo llamativo es que sólo pone su capacidad logística y comercial como gran farmacéutica al servicio de una creación de una empresa de biotecnología alemana, BioNTech. Y aquí, con este nombre tan obvio para una biotecnológica, empieza lo interesante.

¿Quiénes son BioNTech? Las primeras búsquedas arrojaban resultados en relación a la vacuna, pero me interesaban otras cosas. Como ya dije, no tengo idea de biología, química o farmacia, así que lo que me contaran o los estudios que hubiera acerca de los mecanismos de esta vacuna, no me dirían nada que me sirviese. Lo dejo y me centro en otra cosa; buscar qué otros productos tiene BioNTech en el mercado. La respuesta es… ninguno.

Vale, es una empresa que se centra en investigar y patentar sus descubrimientos, un modelo de negocio perfectamente legal y hasta legítimo. Cada uno se dedica a lo que hace mejor, ésa era la ventaja comparativa de la que hablaba David Ricardo, y es uno -entre muchos- de los secretos del éxito económico y vital. Estos descubrimientos luego se venden o licencian a grandes farmacéuticas para que basándose total o parcialmente en lo patentado, saquen productos al mercado que satisfagan alguna necesidad. Que curen gente o prevengan que se contagien de algo.

Hay que buscar en otro sitio el éxito de estas tecnologías. ¿Qué medicamentos hay basados en el concepto del ARN mensajero? ¿Qué vacunas? La respuesta es… nada. Es cierto que hay medicamentos aprobados para algunas enfermedades que se basan en algo parecido (ARN interferente)…y tampoco funcionan.

Tenemos el Givosiran para la porfiria hepática, o el Eteplirsen para tratar ciertos tipos de Distrofia muscular de Duchenne… Todos fracasos, algunos directamente no pasan los filtros de la Agencia Europea del Medicamento. Las revistas más entusiastas admiten a su pesar que es la primera vez que una vacuna basada en este paradigma ve la luz. Y en realidad ha sido más de una; ModeRNA ha logrado que se apruebe su vacuna, de la que afirman que es igualmente eficaz que la que comercializa Pfizer/BioNTech.

Durante años las grandes farmacéuticas veían con frustración como fracasaba cada producto que intentaban sacar al mercado basado en tecnología de ARN mensajero. Finalmente en la segunda mitad de la pasada década, todos los proyectos se abandonaban… Cada vez resulta más difícil creer que en unos pocos meses se han superado los escollos que en años no se han podido salvar, que todos los fracasos de la aplicación de esta tecnología están subsanados.

BioNTech además levanta muchas sospechas en el apartado de financiación; a pesar de no despertar el entusiasmo de los inversores al salir a bolsa en octubre de 2019, son una auténtica máquina de conseguir capitales. Así les vemos recibir dinero del Banco Europeo de Inversiones o de Temasek, fondo de inversión que del estado de Singapur. También son buenos metiendo a socios de gran calado como Bill Gates, quien compró más de 55 millones de dólares en acciones de la empresa.

ModeRNA no despierta menos suspicacias. Podemos ver en su propia web el estado de su pipeline, sus productos; todos sin pasar a fase 3, menos la vacuna coronavírica. El listado de fracasos va en consonancia con su propia historia, la de un fraude tras otro que siempre comienza con un hallazgo prometedor pero luego cuando se hacen pruebas con animales se ve que no funciona.

Un antiguo miembro de ModeRNA dice que estamos frente a otro caso del traje nuevo del emperador; todo especulacion, nada de sustancia. Y si se consigue un fármaco que funciona, es un pura casualidad, un daño colateral. Bien, podríamos estar ante el típico ataque del despechado, el problema es que hay artículos en la revista Nature, la publicación científica con más prestigio que existe, hablando acerca de como ModeRNA afirma muchas cosas pero jamás pone sus hallazgos disponibles para la revisión de pares, es decir, impide hacer Ciencia de verdad. La cosa no acaba ahí, y se llega a comparar ModeRNA con Theranos, una empresa que fue el gran fraude de la biotecnología de este siglo, y es que ModeRNA era la biotecnológica privada -esto es que no cotizaba en bolsa- con la valoración más elevada del mundo en una época en la que las biotecnológicas vivieron su propia burbuja especulativa.

¿Y qué alternativas hay? Pues la vacuna desarrollada por la Universidad de Oxford y la farmacéutica AstraZeneca, que usa un adenovirus atenuado de chimpancé modificado para que parezca un coronavirus. Una vez más no entraré en discusiones de genética, bioquímica ni farmacología, me limitaré a decir que AstraZeneca fue la primera empresa en exigir a los gobiernos de todos los países que comprasen su vacuna, que de lo malo que provocase, ellos no se harían responsables. Y los gobiernos aceptaron.

Para rematar, la vacuna rusa Sputnik V -vacuna clásica basada en virus atenuados- de la que muchos se han reído, despertaba el interés de Oxford/AstraZeneca que anunciaban ensayos conjuntos de ambas vacunas, buscando una respuesta inmune mejorada. En 2020 muchos siguen creyendo que el problema de Rusia es la Ciencia con mayúsculas, y no la logística, los procesos industriales o la incapacidad en marketing.

El triunfo regulatorio y económico de estas vacunas no se debe a que antes no hubiese capitales disponibles y ahora sí. Los medios dispuestos al alcance de BioNTech o ModeRNA no son la clave de su éxito, ambas empresas gozaban de excelente financiación desde sus inicios y grandes farmacéuticas y grupos inversores no dudaban en poner dinero para que investigaran y desarrollaran productos. Hasta que se cansaron de que cientos de millones de dólares no sirvieran para nada.

Y es que en la Carrera de La Vacuna, el dinero nunca ha sido el problema, sino la falta de resultados. Hoy los inversores no confían en Pfizer. Sus acciones subieron desde los 36$ hasta los 42$ con el anuncio de la vacuna… para volver a bajar. No ayudó el hecho de que el CEO de Pfizer, el señor Albert Bourla, vendiera una parte sustancial de sus stock en ese momento. Tampoco que diga que a él no le hace falta porque sólo tiene 59 años y está bien de salud. ¿Qué pensarían de una empresa así? Pues los inversores igual.

El dinero es prudente, y a largo plazo siempre tiene razón.

0% Conspiranoia, 100% hechos probados

El mundo de la inversión es bastante más transparente que el de la política y farmacéuticas -aunque hay interrelación-, no cabe hablar de ninguna conspiranoia cuando Bill Gates es un millonario accionista de BioNTech por ejemplo. Son cosas que están ahí, y no hay ninguna iniciativa “filantrópica” de nuestro Bill que no tenga siempre una ganancia económica descomunal por su parte. Lo mismo pasa con Larry Page y Sergei Brin, Mark Zuckerberg, Jeff Bezos o Tim Cook, infatigables promotores de confinamientos y prohibiciones que significan el cierre de pequeños negocios a lo largo del planeta.

A todo eso se le suman las ínfulas de los IT Tycoons, ese rollo de “we’re making the world a better place“. Esas pretensiones de ingeniería social, de diseñar un mundo mejor a su ridícula imagen y semejanza.. Es algo inexistente en millonarios de otros sectores.

Un jefazo de Exxon mentirá para negar el cambio climático, un gran banquero dirá que el gobierno le rescate porque al fin y al cabo es un servicio público. El CEO de Johnson&Johnson soltará sin complejos que ellos no saben nada de esos polvos de talco con asbestos y el que mande en Philip Morris siempre recurrirá a que la gente adulta responsable sabe lo que fuma y se mete en el cuerpo. Pero al final del día esta gentuza de la industria o la banca de toda la vida, lo que quiere es tener a políticos en nómina para crear un marco regulatorio favorable, y poco más. A lo máximo que llegan es a montar guerras como la de Vietnam para vender M16, o la del Golfo para robarle el petróleo a los moros.

La casta que dirige Silicon Valley es muy peligrosa, no por el poder que tienen -enorme- sino por las pretensiones y las ínfulas. Es la primera vez en la Historia que hacemos ricos a empollones con miles de collejas encajadas en sus años escolares, y lo vamos a pagar muy caro. Vaya que sí.

Ingenuidad de rebaño

Como fenomeno social, la vacuna muestra el comportamiento de masas típico; cuando se acorrala a una manada, el desfiladero más estrecho parece buena salida aunque lleve a un precipicio. El común de los occidentales se está tomando la vacuna como un teletransporte espacio-temporal que le devolverá a febrero de 2020, cuando “la vida era normal” y todo “era como antes“. Es obvio -por muchos indicios y actos afirmados desde el poder- que no será así, pero ya saben, mientras no hay cadáver, no hay muerto. Las familias buscan a los desaparecidos en alta mar, la esperanza es demasiado fuerte aunque los dioses del Azar y la Biomecánica estén en contra. De esto se vale la casta política y empresarial que nos gobierna. Juegan con los sueños y las ilusiones de la gente.

  • Ofrecen incesantemente un panorama desolador desde los medios. Sólo hay muertos, y mientras más jóvenes, más se resaltan los casos. El 0,01% ocupa el 100% del tiempo y espacio de las noticias.
  • Se ordena un sinfín de medidas, prohibiciones y recomendaciones, revestidas todas de algo que la población normal no entiende pero sí valora como fuente de autoridad; la Ciencia.
  • Se lanza el mensaje de que todas las medidas son por nuestro bien, sin importar que sean contradictorias en sí mismas o que lo promulgado en noviembre lleve la contraria a lo ordenado en mayo.
  • Se distingue -socialmente- entre culpables “irresponsables” e inocentes “responsables“. Los primeros son la gente que no cumple las medidas, los segundos son quienes sí cumplen. Esta distinción otorga una ficticia superioridad moral a los segundos sobre los primeros, y las dinámicas sociales operativas desde hace milenios, hacen el resto; yo bueno, tú malo. Yo aplaudo en el balcón y tú matas abuelos yendo de botellón.
  • La Vacuna es la luz al final del tunel, es lo que “pone fin” a “la pandemia“. No importa que en junio se “haya derrotado al coronavirus” o que “hubiéramos salido más fuertes“. Tampoco que “doblegáramos la curva” o que nos contuviéramos para “salvar la Navidad“. Vacuna, vacuna, vacuna…
  • Toda discrepancia es negacionista. Si tienes dudas sobre la vacuna, eres negacionista. Si sabes que nadie se contagia en exteriores, eres negacionista. Si estuviste malo en octubre y tienes anticuerpos para donar a tres residencias de ancianos y piensas que es tontería vacunarte, eres negacionista.
  • Se pretende que estés vacunado para poder viajar, alojarte en hoteles, asistir a espectáculos deportivos o incluso para trabajar; la Unión Europea ha dado el visto bueno a despedir en caso de negativa a la vacunación. Igualmente se exige justificar la negativa a la vacunación y se ordena llevar un registro de aquellos que rehúsen a vacunarse.

Y podría seguir añadiendo puntos. Creo que no es necesario.

La pretensión de hacer la vida imposible a quien no se vacune sin importar si ya ha pasado el virus, si por edad está fuera de los grupos de riesgo o si símplemente no quiere que le inyecten un producto experimental. Solamente valorando los mensajes lanzados desde la política, desde los medios y desde la comunicación corporativa de las grandes empresas, tenemos que ponernos en guardia contra una vacunación forzada e innecesaria.

Los Dueños del Sistema conocen a la perfección qué teclas pulsar para conseguir posicionar a la sociedad a su favor, sea lo que sea que vayan declarando, publicando y ordenando. Saben que la esperanza es lo penúltimo que se pierde.

¿Y lo último? La vida.

Los encierros, las vacunas, las prohibiciones y la ruina, son el camino más largo y más difícil entre dejar que la vida siga, y dejar que la vida siga.

Tomemos riesgos. Aceptemos la realidad de la existencia. Decidamos lo que queremos para nuestra vida, porque si no lo hacemos nosotros, otro lo hará.

La vida sigue.

Seguimos.

¿Acaso queréis vivir para siempre?

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