Religión

«El final de los tiempos se acerca»

Por Mons. Carlo María Viganò.
Selección de citas tomadas de Adelante la fe.

Nota de TD: Recomendamos la lectura completa de la conferencia que también se puede encontrar aquí, incluyendo una audiolectura para descargar.

Una mirada objetiva a la situación actual no puede menos que captar la perfecta coherencia entre la evolución de la estructura política internacional y la misión que ha asumido la Iglesia en lo que se refiere a la implantación del Nuevo Orden Mundial. […] Sabemos que el programa del Nuevo Orden Mundial consiste en implantar una tiranía por medios masónicos. […] Podemos afirmar que el Nuevo Orden Mundial es la antítesis de la sociedad cristiana.

[…]

En ese enfrentamiento, la Providencia ha colocado a la Iglesia de Cristo, y en particular al Sumo Pontífice, como Katejón; es decir, el que se opone a la manifestación del misterio de iniquidad (2 Tes.2, 6-7). La Sagrada Escritura nos advierte además que cuando se manifieste el Anticristo, ese obstáculo, el katejón, dejará de existir. A mí me parece bastante evidente que el final de los tiempos se acerca, y salta a la vista, porque el misterio de iniquidad se ha propagado por todo el mundo con la desaparición de la oposición valerosa del katejón. Sigue leyendo ««El final de los tiempos se acerca»»

Religión

Hoy sólo nos queda implorar: ¡Ven, Señor Jesús!

por P. Juan Carlos Ceriani

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A la luz de estos principios, y con un poco de lógica y buena voluntad, podremos entender cuál es, en la mente de Cristo y, por tanto, en el derecho divino, la relación entre la Iglesia y el Estado.

Al Estado hay que reconocerle los derechos con que Dios lo ha investido; pero el hecho de la institución divina de la Iglesia, cuyos derechos ha establecido el mismo Jesucristo, determina, precisa e incluso limita los derechos del Estado.

Por de pronto, Cristo tiene derecho a ser reconocido como Rey, no sólo por los individuos, sino también por el Estado civil, sobre quien tiene verdadera autoridad.

De ahí, consiguientemente, la obligación del Estado a reconocer a la Iglesia como Reino de Jesucristo, con todos los derechos de que su divino Fundador la ha investido.

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